La librería

Bienvenido. Curiosea por estos pasillos llenos de estantes de libros, nuestros y ahora también tuyos. Deja tu mente libre fluir por páginas, frases y palabras compuestas en  pentagramas de melodías que extasian los ojos más exquisitos. Transpórtate a otras vidas,a otros paisajes. Vuela.

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Aquí, reseñas de los libros que leen los escritores del club.

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París era una fiesta. Ernest Hemingway


Ernest Hemingway, premio Nobel de literatura y uno de los principales novelistas de la literatura norteamericana contemporánea, nos regala esta obra, que vio la luz postúmamente en 1964, años después de despedirse en una batalla perdida. 
A los 61 años, E.H., como cada noche por aquél entonces, su esposa le cantó antes de ir a dormir una canción que le gustaba mucho “Todos me llaman rubia”, a lo que él respondió como siempre “pero no soy rubia”. Después le deseó buenas noches y, aunque Mary había escondido sus armas de fuego, Ernesto sabía donde estaba la llave. Bajó a la cocina, sacó del armario la escopeta del 12 y se pegó un tiro que le voló el cráneo.

Este libro despliega un mítico panorama, el de un lugar que Hemingway amó con pasión, París, la capital de la literatura americana hacia 1920, y capital de su juventud. Un verdadero testamento literario para entender el siglo XX, así como el universo y la personalidad de este gran autor.

“Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, vayas adonde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue.” De una carta de Ernest Hemingway a un amigo en 1950.

La obra realiza una mezcla de pasajes líricos y agudamente personales, personales hasta el desgarro en ciertos momentos, con otros más externos y anecdóticos. La visión de Scott Fitgerald o Ezra Pound, la llamada «generación perdida», según la popular denominación acuñada en aquella época por Gertrude Stein, mítica madrina del grupo, se hará inolvidable, y todavía más la visión de París, el encantado lugar en que Hemingway fue “muy pobre y muy feliz” en el encantado tiempo de aquel respiro de ilusión entre dos épocas de atrocidad.

“Hay que tomar un cuidado muy particular de uno mismo en las épocas en que uno tiene que reducir la comida, para que el pensamiento no solo sea un pensamiento de hambriento. El hambre es una buena disciplina y enseña mucho. Y mientras la gente no entiende lo que uno escribe, uno está más adelantado que ellos”

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